Montar una tienda online nunca ha sido tan fácil. Una plataforma, un tema, unos productos y un fin de semana. Por eso sorprende que alguien pague por una que ya existe.
La sorpresa desaparece cuando se separan dos cosas que suelen ir juntas: abrir una tienda y tener un negocio. Lo primero se hace en días. Lo segundo no se puede acelerar con dinero, y es exactamente lo que se compra.
Lo que compras es tiempo con pruebas
En nuestro baremo, antes de valorar nada, hay una puerta de admisión. La primera comprobación es esta: doce meses o más de operación. Si no se cumple, no se emite valoración. Se entrega un plan de preparación y se vuelve más adelante.
Y aun pasando la puerta, la antigüedad sigue pesando. Es el primer factor de los veintiuno que puntuamos:
| Antigüedad | Ajuste sobre el múltiplo |
|---|---|
| Menos de 12 meses | No admisible |
| 12–24 meses | −0,3 |
| 2–4 años | 0 |
| 4–6 años y estable | +0,1 |
| Más de 6 años y estable | +0,3 |
Lee la tabla al revés, desde quien monta. La tienda que abres hoy no tiene valor de venta durante su primer año, y durante el segundo arrastra una penalización. No porque sea peor, sino porque todavía no ha demostrado nada.
Eso es lo que paga quien compra: un negocio que ya ha pasado por esos años, con papeles que lo prueban. Cuentas anuales, modelos 303, extractos bancarios y liquidaciones de la pasarela. Lo emite un tercero, y no se puede fabricar con prisa.
Lo que compras es información
La segunda cosa que se compra no se ve en el precio: se ve en los informes.
Quien monta desde cero tiene que descubrir, a base de gastar, cuánto le cuesta cada cliente nuevo, cuántos vuelven, qué meses venden y qué meses no, qué producto tira del resto. Cada respuesta llega después de pagarla.
Quien compra un negocio con historial recibe esas respuestas en el primer día. En nuestro proceso se piden veinticuatro meses seguidos, mes a mes. Con eso delante se lee la estacionalidad, la tendencia real —últimos doce meses frente a los doce anteriores, nunca periodos de distinta longitud— y el reparto de ventas por canal.
No es una garantía de que el futuro vaya a parecerse al pasado. Es la diferencia entre decidir con datos y decidir con intuición.
Un ejemplo inventado, con los números hechos
Una tienda imaginaria de marca propia registrada, con 40.000 € de BDV verificado. Así la calcularía nuestro baremo si el resto de factores sumara cero:
- Categoría marca propia DTC: base 3,55
- Ajuste por tamaño: entre 40.000 y 100.000 € de BDV es la línea base, 0
- Sesgo de prudencia del baremo: −0,20
- Múltiplo: 3,35. Precio: 134.000 €, más el stock que se pueda vender
Ese 3,35 tiene una lectura sencilla: el precio equivale a algo más de tres años del beneficio que el negocio genera hoy para su dueño. Es aritmética, no una previsión de rentabilidad. El beneficio puede subir o bajar, y el BDV es beneficio antes de que el nuevo dueño dedique sus horas.
La pregunta que se hace quien compra es otra: ¿cuánto tardaría yo en llegar a esos 40.000 € montando desde cero, y qué probabilidad tengo de llegar? Esa respuesta no está en ningún baremo. Es de cada uno.
Lo que no compras
Comprar tiene sus propios riesgos, y conviene tenerlos claros antes de enamorarse de un anuncio.
No compras al fundador. Si el dueño dedica cuarenta horas a la semana y todo está en su cabeza, lo que se lleva el comprador es un negocio que hay que aprender a operar. En el baremo, más de cuarenta horas sin documentar resta 0,7 al múltiplo. Por eso pedimos siete procesos documentados, preferiblemente en vídeo, antes de salir al mercado.
No compras lo que no se puede transmitir. Cuentas publicitarias a nombre personal, fotos encargadas sin cesión de derechos, un proveedor único con relación de palabra. Todo eso se comprueba antes, porque después ya no tiene arreglo.
No compras un problema resuelto para siempre. Un negocio que, por ejemplo, tuviera el 85 % de las ventas en una sola cuenta publicitaria se apagaría cuando dejas de pagar. La concentración de tráfico es de los factores que más pesan, y lo explicamos en qué mira un comprador en los primeros diez minutos.
Cómo se protege quien compra
En nuestro proceso, todo está pensado para que el comprador no tenga que fiarse de nadie.
El precio se paga al contado y completo en Escrow.com, un tercero que custodia el dinero. Nosotros no lo tocamos. No hay aplazados ni earnouts: lo que se pacta es lo que cambia de manos.
La verificación va en dos etapas. Primero la documental, antes de transferir nada: banco, Hacienda, facturas y titularidades. Después, con los activos ya transferidos, una inspección de hasta 30 días con el negocio en la mano y el vendedor todavía acompañando la transición. Si lo que encuentras no es lo que se contó, lo sabes antes de que el vendedor cobre.
La operación es, por defecto, una compra de activos: te llevas la tienda, el dominio, la marca, el stock y los contratos que se pacten. Ni la deuda ni la caja de la sociedad cambian de manos.
Lo justo, por transparencia: trabajamos por cuenta del vendedor, que es quien paga nuestros honorarios. No hacemos tu due diligence ni te decimos si una operación te conviene. Eso es trabajo tuyo y de tus asesores. Lo que sí hacemos es presentarte negocios que han pasado la puerta de admisión, con cada cifra acompañada de su documento. Para saber qué cruzar antes de firmar, empieza por cómo comprar un ecommerce sin que te la cuelen.
Entonces, ¿comprar o montar?
No hay una respuesta que valga para todos. Montar cuesta menos dinero y mucho más tiempo, y el tiempo no garantiza el resultado. Comprar cuesta más dinero por adelantado y te ahorra los años en los que un negocio todavía no ha demostrado nada.
Lo que sí es universal es la pregunta: qué parte del precio es negocio probado y qué parte es promesa. Si quieres ver operaciones donde esa diferencia está escrita, únete al pool de compradores.
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